Interviu revista Gente
Publicat in 5 Feb 2014 de Mirela in Galerie, TV & Interviuri cu 0 Comentarii

“Llegué a dormir tres horas: necesitaba reencontrarme con mi lado más natural”

A días de despedirse de su papel en Solamente vos, Oreiro se refugia en su campo de Carmelo junto a su hijo y su marido. Recarga pilas después de uno de los años más intensos de su vida, en el que se lució en cine (ganó un Cóndor de Plata como Mejor Actriz por Infancia clandestina y Wakolda fue preseleccionada para el Oscar), volvió a grabar un clip (Todos me miran) y cantó en Rusia para 50.000 personas. Su plan inmediato: “Descansar, recuperarme y dedicarme a mi familia”.

En estado salvaje
La diosa accedió a realizar la producción con GENTE en el Zoo de Luján, donde se dejó mimar –y también arañar un poquito– por los cachorros de león. ¿La reina de la selva? Oreiro, obvio.

“Detestaría reconocerme en el lugar de la diva que tiene un séquito alrededor. No me va, soy la antítesis. No tengo ni secretaria. Lo único que me identifica con una diva es el glamour”.

La magia de Merlín
En Rusia, adonde Natalia viajó con Mollo y el hijo de ambos, amén de sus padres, Mabel y Carlos, más una banda de doce músicos, maquilladora, peluquera y técnicos. En la tierra de los zares, donde la siguen desde antes de Muñeca brava, que llegó a transmitirse 17 veces, el pequeño Merlin hizo su presentación en sociedad cual mini cosaco rocker.

El yin y el yang. Lo terrenal y lo etéreo. La diosa que juega al burlesque y se viste de pinup y la madre que lava la ropa, da la teta y cocina tortas de chocolate. La actriz dramática, la comediante y la popstar que hace vibrar a multitudes aquí o en Rusia. La diseñadora de moda o la comprometida ambientalista. La diva glamorosa del tapis rouge de Cannes y la que se refugia en el campo, “donde muchos no se atreverían ni a llegar” y donde se acostumbró a convivir “con cascarudos que te saltan en la cabeza”. Natalia Oreiro (36) lo reconoce: “Me siento cómoda en los extremos”. Pero también es cierto que los extremos se tocan y que, como en el Tao, llevan intrínseca la semilla de su energía opuesta, esa que la obliga a poner cada tanto en stand-by su torbellino creativo para reconectarse con ella misma, aun cuando para los cánones sociales eso implique bajarse de lo que se supone que es el éxito.

Hace poco más de un mes, la magia de un teatro moscovita dejó ver por un momento cómo todos esos extremos aparentemente irreconciliables se funden en Natalia con total armonía. Fue en el Crocus City Hall, donde Merlín (2), el hijo que tuvo tras una década junto al músico Ricardo Mollo (56), irrumpió en el escenario cual mini cosaco rocker y ante miles de fans que siguen a su mamá desde antes del suceso de Muñeca brava –que llegó a transmitirse 17 veces en la ex URSS– la acompañó empuñando su guitarrita con natural destreza en plena interpretación del hit Me muero de amor. Entonces, la popstar que hace vibrar a multitudes sencillamente murió de amor por su hijo y no pudo, no quiso, evitar compartir ese momento de su siempre rigurosamente resguardada intimidad con su público. Oreiro cerró el recital emocionada y con Merlín en brazos, mientras caminaba al encuentro de un también conmovido Mollo. “Y nosotros, que somos muy reservados, ni atinamos a decir ‘le están sacando cinco mil fotos’, porque fue todo muy espontáneo… El venía a los ensayos, llevó su guitarra… Y es que tiene varias, porque Merlín sale a pasear con su guitarra como otros chicos se llevan un peluche –se ríe Natalia–. El vio el concierto con su papá desde la consola, pero al final estuvieron a un costado del escenario. Ahí Ricardo lo puso en el piso, y caminó como veinte metros hacia mí, porque yo estaba en la otra punta. ¡Me di cuenta porque veía que la gente miraba para abajo!”.

–¿Cómo fue volver a Rusia con Ricardo y Merlín?
–Muy emocionante. En una entrevista con un medio de allá me preguntaron si sentía que en otra vida había sido rusa y dije que sí. ¡Si hasta nos parecemos físicamente: tengo la cara de las mamushkas! Yo en la Plaza Roja me siento en casa. Como pueblos, tenemos mucho en común. Ellos tienen algo latino, muy romántico…

–Como las muñecas rusas, tenés muchas facetas: a la de cantante la tenías guardada desde hace mucho.
–Es cierto. Pero nunca me corrí de la música: canté en Infancia clandestina, en Mi primera boda, en Solamente vos… Aunque no haya grabado o hecho shows (su último disco de estudio fue Turmalina, en 2002) estudié todos los días. La música tiene que ver con todo en mi vida.

–Pero en algún momento te bajaste de una carrera segura como popstar latina.
–Yo siempre me sentí una actriz que canta, y no a la inversa. Y en un punto vi que la actriz estaba desapareciendo. Tenía 24 años y me la pasaba de gira. Un día me encontré cantando al lado de Mariah Carey y me di cuenta: ¡yo nunca había deseado convertirme en una popstar! La vorágine no me daba tiempo para ver qué quería hacer realmente, qué era lo que quería contar y cómo. Y rescindí el contrato con la discográfica. Me decían que estaba loca, pero mi anhelo era parar, así que suspendí todos mis compromisos por seis meses. Y cuando paré, me enamoré.

Sursa: gente.com.ar


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